jueves, 9 de junio de 2011

Guerra fría en la era de los romanos: vuelve 'Hispania'

Hispania regresa el martes a la parrilla deAntena 3 con el reto de consolidarse como una de las series más potentes del país en su segunda temporada. Lo intentará con un argumento más tenso y enmarañado. Los buenos no siempre serán buenos y los malos no siempre estarán de parte de Roma.
Y adusto: la doblez que se desprende de las luchas por el poder y por el amor se potenciará todavía más. Todo parte con un Viriato que vuelve desquiciado de Roma. "Viene más radical y con un dolor inmenso", explica el actorRoberto Enríquez. A su regreso, se encuentra con un pueblo hispano "menos naïf", fortificado y listo para afrontar a los romanos con maneras más politizadas.
Enríquez agradece que a su personaje le hayan dado esos "mimbres de realidad: está lleno de contradicciones, se enroca y es obtuso. A cualquier le gusta interpretar eso".
Aunque Viriato no es el único que se muestra hosco -el bando de los romanos vivirá una lucha interna entre tres villanos-, su compañero de reparto Juan José Ballesta no se incluye entre los personajes que se oscurecen: "Paulo está feliz, ya con su prometida. Es más maduro y menos niñato, pero no más retorcido. Eso sí, los problemas llegarán". Además, entra más en acción: “Cada vez tengo más espada, mato más”. Ballesta no oculta su gusto por las escenas de peleas y batallas. “Ahora mismo me voy con [Jesús] Olmedo a ensayar una coreografía de 60 golpes”

‘Los héroes del Telemark’, clásico bélico de Anthony Mann

Grandes directores como Nicholas Ray o Anthony Mannacudieron a Europa para continuar sus carreras cinematográficas cuando los aires de Hollywood poco a poco empezaron a huir de sus estéticas y temáticas habituales hasta la fecha, obligando a muchos cineastas a adaptarse o a permanecer en los márgenes de los circuitos comerciales más exitosos. Mann rodó en 1965 un clásico bélico que, lejos de estar entre lo mejor de su producción, resulta innovador y muy interesante.
Ese interés radica en dos aspectos que en la extraordinaria filmografía sobre la Segunda Guerra Mundial todavía habían sido poco explorados: el frente escandinavo, por un lado, y el fenómeno de la carrera por la bomba atómica desde el lado alemán. La película cuenta la operación de sabotaje que los aliados lanzan en Noruega contra una fábrica alemana en la que se están realizando experimentos con agua pesada indispensables para la investigación sobre la fisión nuclear que permita a Hitler recuperar la iniciativa de la guerra, o incluso ganarla. El mayor noruego Knud (Richard Harris) y el profesor Pedersen (Kirk Douglas) dirigen un comando compuesto por soldados británicos y miembros de la resistencia noruega que intentarán volar por los aires las instalaciones protegidas cuidadosamente por los nazis.
Este Mann “menor”, aunque patina en lo tópico en cuanto al planteamiento del triángulo amoroso, contiene imágenes bellísimas, hermosos paisajes de los fiordos y de explanadas nevadas, y además de buenas escenas de acción con tensión muy conseguida, mantiene durante muchos minutos una intriga espléndidamente narrada.
Un clásico de la Guerra Fría con el que el cine se sumaba a la lucha ideológica frente a los enemigos del presente retratando hazañas contra los enemigos del pasado.
http://www.cinissimo.com/tag/guerra-fria/

El doble discurso de la Guerra Fría visto por el cine

Con el fin de la II Guerra Mundial el átomo se convierte en uno de los tópicos de la denominada "Guerra Fría", que surge durante la inmediata Posguerra a partir del distanciamiento entre Moscú y Washington. La historia oficial dice que Stalin traiciona la promesa realizada en la Conferencia de Yalta de propiciar democracias parlamentarias en la Europa Oriental, intentando en cambio expandir la hegemonía soviética a todo el mundo. De esta manera, los Estados Unidos, como base del "mundo libre", asumen la misión de frenar el avance (y eventualmente, erradicar) el Comunismo. ¿Y qué mejor para tener a raya al enemigo que el arma cuyos ejemplos detonaron en Hiroshima y Nagasaki?
El tema atómico se constituye como eje de una de las primeras desaveniencias entre las dos superpotencias. Durante la primera asamblea de las Naciones Unidas, que se lleva a cabo en Londres, en enero de 1946, se resuelve crear una "Comisión de las Naciones Unidas para la Energía Atómica". Y una de las metas de tal organismo es la de eliminar las armas de destrucción masiva (bomba atómica incluída). A tal efecto, Estados Unidos propone el llamado "Plan Baruch", para el establecimiento de una autoridad internacional cuyo objetivo sería el de regular y controlar actividades atómicas potencialmente peligrosas. La Unión Soviética rechaza de plano tal iniciativa, aduciendo que dejaría a Estados Unidos superioridad y carta blanca para desarrollo nuclear mientras que la U.R.S.S. tendría que detener su programa nuclear, respondiendo en cambio, con un llamamiento al desarme universal. Ante la disputa, Naciones Unidas termina no adoptando ninguna de las dos propuestas, y Estados Unidos realiza su primera prueba nuclear. Ese test tiene lugar el 1º de julio de 1946, menos de un mes después de la presentación del Plan Baruch. Este tipo de ambigüedades sería el perfecto símbolo del siguiente medio siglo de historia.
http://www.quintadimension.com/televicio/index.php?id=173

el boicot en la guerra fría

Ni el que llegó más rápido ni el que saltó más alto ni el que tuvo más fuerza. Nadie de carne y hueso, auhttp://edant.clarin.com/diario/2000/09/04/d-01801.htmnque brillara más que el sol. No y no. El protagonista central del deporte olímpico en la década del ochenta fue incorpóreo e insensible. La figura fue el boicot.

Dos fechas: 1980 y 1984. Dos ciudades: Moscú y Los Angeles. Dos Juegos de ausencias. El olimpismo convertido en lo que definitivamente es: un espacio de disputa política, un escenario que retrata confrontaciones más amplias, un lugar donde la competición no es sólo deportiva.

En 1980, la sede olímpica era Moscú, pero 37 países, alineados detrás de los Estados Unidos, decidieron no participar. Cuatro años más tarde, la cita era en Los Angeles y se produjo la deserción inversa, por la que 16 naciones, encolumnadas detrás de la Unión Soviética, resolvieron no intervenir. Es cierto que el ideal olímpico de la comunión internacional a través del deporte nunca funcionó en la práctica. Pero pocas veces esa pretensión de suspender las diferencias quedó tan castigada como en la era de los boicots.

los deportes de la guerra fría


 los Juegos Olímpicos fueron uno de los escenarios “privilegiados” de la Guerra Fría. No fueron, sin embargo, los dos principales actores de este enfrentamiento quienes iniciaron el proceso de convertir a los Juegos Olímpicos en el escenario de sus rivalidades ideológicas y geopolíticas; fue el eterno conflicto entre Palestina e Israel quien iniciaría esta carrera, este enfrentamiento tendría un momento de “estrellato” en unos juegos olímpicos.
  • Munich 1972, por primera vez, con televisiones de todo el mundo en directo, un conflicto armado dejaría en segundo plano las competiciones deportivas. Para reconstruir aquellos momentos hoy día contamos con la inestimable ayuda del cine, una de los últimas películas de Steven Spielberg es, precisamente, Munich, que arranca de aquel atentado cometido por Septiembre Negro para ofrecernos su visión del enfrentamiento árabe-israelí a lo largo de la década de los setenta.http://doscenturias.com/2009/12/26/la-guerra-fria-y-el-deporte/

los deportes de la guerra fría

 
Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania quedó dividida en dos entidades políticas bajo la influencia de las dos superpotencias. Al oeste, la República Federal Alemana seguía los designios del libre mercado capitalista. Al este, la República Democrática Alemana formaba el último eslabón del glacis defensivo que la Unión Soviética había creado en Europa del Este, instaurando allí un sistema comunista.
Aunque la RDA desde el principio empezó a aportar destacadas figuras en deportes como el atletismo, la gimnasia o la halterofilia, sus clubes de fútbol se vieron diezmados por la huída de muchos jugadores a Alemania Oriental Occidental, hasta que la construcción del muro de Berlín en 1961 cortó de cuajo esta dinámica. Por eso, cuando ambas Alemanias quedaron emparejadas en el mismo grupo del Mundial de 1974 que iba a disputarse en la RFA, las apuestas estaban claramente del bando occidental.